Los libros serán mi hogar, vendrán conmigo a dónde quiera que vaya.

AMISTADES VIRTUALES


Empecemos a valorar al que tenemos al lado
 
Retomo nuevamente un tema que no me deja de preocupar (y de fastidiar hasta cierto punto): La adicción de la gente a las redes sociales y mensajerías varias. Este es el momento donde los que viven pendientes de la comunicación excesiva dejan de leer o se enfadan… Pero atención, porque hoy no sólo voy a escribir sobre el cliché que ya todos conocemos de cómo la tecnología nos abruma, nos quita tiempo y lógica (en algunos casos) sino de cómo afecta la manera en que la gente elije no asumir compromisos o hacer nuevas amistades.

—¿Cómo es eso?

Últimamente cada vez que invito amigos o conocidos a casa las excusas son variadísimas pero todas apuntan a lo mismo: No quieren comprometerse a lo que ellos consideran seguir sumando más responsabilidades.
Algunas veces, para que la gente no se sienta presionada (¡Sí, se sienten presionados porque los invitás a comer pizza!), les juro que me da ganas de decirles:
—Pero no te preocupes, te estoy invitando a comer un asado, esto no significa que me convierta en tu mejor amigo o que después tengas la “obligación” de venir a todos mis cumpleaños o al bautismo del hijo que voy a tener en el año 2024.

¡Paren, no se adelanten tanto! Es una simple invitación a cenar.

Pero la gente asume una serie de exigencias que no son tales. Quizás porque ya están muy saturados por compromisos familiares (lógico) y SOBRE TODO porque están muy ocupados atendiendo a sus amigos en las redes sociales; amigos con los que interactúan virtualmente en mayor medida y casi exclusivamente. Eso, sin que lo perciban, les está llevando más tiempo que verlos en persona.

Así pierden la oportunidad de abrirse a nuevos grupos o pretenden agregarte a la susodicha red social (sea cual sea la que usen) para sumarte a sus “virtual friends”. Son como un coleccionista de monedas del que pasas a ser parte de su vitrina de exposición. Y llegando al colmo se enojan si no publicás información (sean estados u fotos) con regularidad.

—¿Cómo es que no le prestás atención a las redes sociales? ¿No pensás en tus amigos? ¿Acaso no te importan ellos que ni un mensajito les mandás?argumentan.
—No señor, al que no le importan sus amigos es usted que me deja con las hamburguesas a la parrilla sin avisar. Al que no le preocupa cancelar a último minuto sin importarle el tiempo, energía o dinero que puse en la invitación. Usted que lanzando reproches desde el teclado es incapaz de tener amigos de carne y hueso. Usted, al que la era moderna le facilitó que se limite a brindar “likes” o corazones desde un aparatito voy a empezar a responder esto a cada atontado que me planteé semejante dilema.

La gente que me cruzó actúa de esa manera, y no sólo hablo de gente joven sino de señoras de la edad de mi madre. Hay una inconsciencia generalizada con respecto al uso de las redes sociales. Como todo, puede ser un muy buen instrumento para promocionar nuestras ideas, logros o hasta trabajos (en mi caso soy escritora) y estoy en casi todas las redes para darme a conocer, pero no vivo pendiente de ellas.

En un momento me di cuenta de esto que expongo, que perdía cantidad de tiempo y demasiadas horas hablando con gente que nunca veía en persona. Ahora sólo me conecto diez minutos por día a Twitter desde el celular y lo demás lo reviso cuando me sobra el tiempo. Sin presiones.
Sigo sin entender a la gente que me invita a cenar a su casa o vamos a un bar a tomar algo y se desvive revisando sus mensajes en vez de dialogar. En lo personal dejé de llevar mi celular cuando voy a una reunión o juntada de amigos. Y en todo caso, no es tan difícil silenciarlo.

También está esa gente que va a un recital y en vez de aplaudir, bailar y cantar no paran de dejarte ciego con el flash de la cámara. La otra vez lo viví en el teatro cuando fui a ver ballet y no fue nada grato quedarme ciega por los celulares sin poder ver el espectáculo. Me dan ganas de meterle esos teléfonos… ¡EN LA BASURA! (no, no digo ordinarieces por este medio ¡JAJA!).

En fin, reflexionemos un poco. Usemos estas plataformas como medio de comunicación, pero cuando un amigo nos invita a salir, olvidemos por un par de horas que el tonto que se pasa todo el día encerrado en una pantalla se va a enojar porque no le dimos un “me gusta”.

En el mundo hay nubes, árboles, cachorritos, amigos que dan abrazos, café, cerveza, comida deliciosa, música… Si vivimos todo esto sin verlo por una pantalla les aseguro que lo vamos a disfrutar mucho más. Cumpliendo promesas y dialogando con amigos en directo, los amigos virtuales van a seguir ahí una hora o una semana después, al resto capaz los perdés para siempre y no creo que nadie se muera si justo un día no publicamos lo que comimos o la cara con la que nos despertamos.

¡A disfrutar de la vida, que es corta!

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