Los libros serán mi hogar, vendrán conmigo a dónde quiera que vaya.

CARTA A NUMA

Relato

Hola Numa, tal vez te acuerdes de mí, en el pueblo era tu vecino, has jugado innumerables veces conmigo pero después creciste y decidiste creerle a los que te decían que yo era peligroso, que era una mala compañía. No te he vuelto a ver desde entonces. La dama anciana se enfadó mucho cuando me dejaste de hablar, yo era chico y hay cosas que apenas retengo en la memoria. Tu rostro es un recuerdo borroso pero tengo presente las tardes de verano, jugando en el jardín florido sobre un césped de un verde asombroso, como no he vuelto a ver en años. Repentinamente me encuentro sumergido en el pasado, no sé por qué, quizás porque hace días que camino sin ver a nadie en este camino monótono, o porque la lluvia cae con pasmosa lentitud convirtiendo el paisaje en un ambiente hostil. El lodo cubre mi cuerpo haciendo pausado mi avance. Alzó la vista al cielo buscando un rayo de luz entre la niebla gris. Nada. Ya no quedan amigos tampoco, si supieras que tan solo el recuerdo de nuestra pasada amistad es lo que me hace seguir.

Es ridículo que antes de la lluvia me quejara del viento, que me hacía compañía furioso, al menos dándome coraje para avanzar. En cambio, desde que empezó a llover es como si mi cuerpo quisiera hundirse en la tierra húmeda, anclándome para siempre en este desdichado lugar. Ahora me desespera el silencio que me rodea, esta quietud inalcanzable, prefería el viento a fin de cuentas. Uno se pasa la vida quejándose de las cosas que luego quiere recuperar, y así volver al mismo ciclo de inconformismo.

Ya no puedo seguir, Numa. Tengo sueño, hambre y ahora, gracias a la lluvia, algo de frío. El silencio me perturba, me zumban los oídos como si estuviera en un sueño denso del que no puedo despertar. Ojala sea un sueño y cuando me despierte estemos juntos, jugando en el jardín verde. Busco refugio bajo un tronco y espero. No sé qué espero, pero espero algo. Recordarte un poco mejor quizás, o algo más sencillo, como que paré la lluvia. Las intensas gotas caen formando canales y charcos de agua a mi alrededor, me tranquilizan, son el único sonido audible a kilómetros. Pruebo el agua fresca y mi estómago deja de crujir. Es como si el mundo entero hubiera desaparecido, me preocupa no ver a nadie alrededor. Por eso entenderás, que cuando veo a la chica de ojos blancos y cabello oscuro me inquieto, me repliego más bajo el techo que me proporciona el tronco caído y la observo asombrado y algo curioso hasta que decido salir. Puede ser que ella lleve algo entre sus brazos, un perrito o simplemente un abrigo, no podría decirlo, estoy más concentrado en sus ojos vacíos y esquivos mientras avanzo dos pasos en su dirección. Ella fija la vista en mi incomoda, sin saber si seguir caminando hasta que decide esquivarme con una completa falta de cortesía, sin dejar de mirarme de reojo. Trato de demostrarle que no soy malo, no soy lo que decían de mí, Numa, pero ella salé corriendo a una velocidad que no creo que sea posible en un ser humano normal. Un largo bostezo anuncia que tengo que dormir un par de horas y dejar de escribirte esta carta mental. Convencerme de una vez por todas que no puedo llamarte con el pensamiento, ojala pudiera. Pero como todas las personas en mi vida, me has abandonado, como esta chica que decidió huir antes de acercarse. La dama anciana nunca me abandono, estuvo conmigo hasta el final, no quise hacerle daño, no soy malo, Numa. De verdad no lo soy, solo sigo mis instintos. ¿Es un pecado eso? Yo la quería tanto y la extraño, ya no tengo a nadie.

No sé en qué momento me quede dormido. Me despertó un hombre delgado de mirada tan pálida como la de la chica, como la de todos los humanos que habitan este mundo lluvioso. Habla en un idioma que desconozco, se parece un poco a vos, Numa. Me tiende la mano y yo acepto su compañía porque estoy solo y no tengo dónde ir. Ya no llueve, una capa de nieve cubre el suelo antes fangoso. El hombre me abraza en señal de afecto, proporcionándome calor y palabras tranquilizadoras. En su particular idioma intenta explicarme algo que solo comprendo cuando, muy a lo lejos, oigo el aullido, un bramido lejano que parece devolver los sonidos. El fin aún no ha llegado, quedan otros de mi especie, la salvación quizás está más cerca de lo que pienso. Este humano me guiara a la manada.

Hasta siempre, Numa. Nunca te olvidare. Mi primer amigo humano.

©denisemorzilli


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